Por qué incorporar naturaleza en el patio de la escuela favorece la salud, aprendizaje y juego de los niños

LA ESCUELA COMO ESPACIO PEDAGÓGICO NATURAL LLENO DE VIDA

El patio de la escuela ha sido durante años un espacio en el que salir a distenderse, a sacar la energía, a moverse… Para poder volver después del ejercicio al interior de la escuela, a proseguir con las actividades más de calma y concentración.

¿Pero qué sucede si cambiamos esa concepción? ¿Puede ser el espacio exterior de la escuela algo más que un lugar de recreo y ejercicio? ¿Es posible concebir el patio como un espacio de aprendizaje?

No pretendo, para nada, convertir ahora el tiempo de recreo en un espacio de aprendizaje sin más. Más bien pretendo transmitir la idea de que los niños están constantemente aprendiendo (y los adultos, seguro, también claro) y, por lo tanto, los espacios, tanto interiores como exteriores, debieran ser bellos, estimulantes y ricos en opciones.

Cuando juegan, cuando observan cosas, cuando interactúan con el otro… Toda situación plantea posibles aprendizajes. ¿Por qué no aprovechar esa curiosidad constante para trazar caminos de aprendizaje ya estén dentro o fuera del edificio escolar?

Pero quizás os preguntáis porque hay que transformar el patio. Porque no puede seguir siendo un mero espacio de distensión. ¿No es suficiente con lo que hacen dentro ya?

Este es un tema al que le he dado muchas vueltas y que siento que, en cierta forma, a menudo las opiniones están viciadas por un miedo al cambio y, por que no decirlo, por la comodidad. Transformar la concepción del patio y el uso de los espacios escolares implica salir de la zona de confort. Si los niños ya aprenden dentro, ¿Por qué ahora hay que complicarse la vida? ¿Por qué hay que invertir en energía en ello?

Pero lo cierto es que cada vez hay más estudios acerca de la importancia de pasar tiempo al aire libre para la infancia. De los beneficios de la naturaleza. ¿Cómo centro educativo, educadores o maestros podemos obviar esa realidad y seguir afincados en el interior?

Para mí es una transformación, a todas luces, necesaria. Pienso en el invierno, cuando a las 5 y poco empieza a oscurecer. Los niños acaban de salir de la escuela y apenas pueden comerse el bocadillo en el parque que ya hay que ir a casa que anochece. Ha habido muy poco tiempo para correr y saltar, para jugar con los amigos de forma larga y distendida, para estar ahí fuera sin un fin concreto ni esperar tampoco que sea la hora de regresar a clase.

En muchísimos casos ni tan siquiera han estado en un parque con algo de naturaleza, pese a que las últimas investigaciones demuestran que para el cuerpo y la mente 20 minutos de naturaleza al día hacen milagros y son un poderoso desestresante.

Se habla mucho ahora de los comedores escolares, del menú que se ofrece. Está en pleno debate el contribuir a la salud de los niños también desde la escuela. Intentar equilibrar los menús, restringir determinados alimentos ultraprocesados, etc.

Si los niños pasan prácticamente toda la jornada laboral en el centro escolar… este también debiera ofrecer contacto con la naturaleza ahora que sabemos no solo de lo importante que es para su salud y bienestar, sino también para el aprendizaje.

Por ejemplo, el contacto con la tierra hace que nuestro cerebro segregue serotonina, lo cual relaja la mente y además la predispone para el aprendizaje.

Pero para que los niños puedan pasar más tiempo fuera durante la jornada escolar tenemos que cambiar la visión del patio. No solo como lugar de recreo sino también como un lugar capaz de encender la curiosidad de los niños, un lugar en el que realizar aprendizajes, un lugar con distintos centros de interés.

¿PERO QUÉ SE PUEDE HACER/APRENDER EN EL PATIO?

1. CONOCIMIENTO DE LA NATURALEZA Y EL MEDIO

En el jardín de la escuela se puede aprender in situ de plantas y flores. Descubrir la tipología del entorno, su crecimiento y desarrollo, los cambios a través de las estaciones…

Se puede aprender también sobre los insectos y bichitos que habitan de forma natural en ese entorno… Y sobre un sinfín de cosas más.

Fotografía realizada en la Escuela infantil 0-3 Xiquets i Xiquetes de Valls

2. DESARROLLAR EL SENTIDO ESTÉTICO, DE LAS SENSACIONES Y DE LAS PERCEPCIONES

En un bonito jardín no solo se puede aprender de plantas sino también de sus colores y texturas, de su combinación, de qué especies elegir que proporcionen belleza y armonía…

No solemos pensar en desarrollar ese sentido estético, ¿Cuántos nuevos aprendizajes puede aportar el espacio exterior que no ofrece el aula?

3. CUIDADO Y RESPONSABILIDAD

Las plantas hay que regarlas para que crezcan y estén nutridas. Si hay animales en la escuela… ¿Qué cuidados requieren? ¿Y qué alimentos? Los niños pueden ser partícipes de todo ello e ir adquiriendo el sentido de la responsabilidad y de cuidado de otros seres vivos.

4. EDUCACIÓN AMBIENTAL

A través del vínculo del niño con el jardín nace el respeto por el entorno, por las especies vivas… Los niños pueden observar, plantearse qué intervenciones son necesarias para cuidar el medio, cuáles son dañinas…

¿Qué podemos hacer en el patio de la escuela para cuidar el medio ambiente?

5. EDUCACIÓN FÍSICA

El espacio exterior ha sido siempre el espacio del movimiento por excelencia. ¿Qué retos pueden plantearse más allá de la pista de fútbol?

Un patio más natural ofrece múltiples oportunidades de movimiento, dónde cada niño encuentra su lugar, su forma de moverse en él. Los hay que preferirán trepar árboles o hacer grandes saltos, otros preferirán los saltos más contenidos que podrían hacerse de tronquito en tronquito, otros correr, esconderse, etc. etc. Y no hablo ahora de suprimir, o no, la pista de fútbol… sino de ampliar el abanico de posibilidades gracias a un entorno más natural.

A mayor variedad de oportunidades de movimiento más niños harán ejercicio y eso redundará directamente en su aprendizaje, ya que el movimiento es esencial para que éste se dé.

Ayuda a oxigenar el cerebro, mejora el estado de ánimo favoreciendo la predisposición a aprender, mejora la concentración, la memoria…

Fotografías realizadas en la Escuela Colonia Güell, en Santa Coloma de Cervelló

6. JUEGO LIBRE

Por supuesto, un entorno natural es el lugar ideal para el desarrollo del juego libre. Nada está pre-fabricado, pero todo es posible. Su imaginación, sus propias inquietudes, les llevarán a desarrollar un tipo de juego u otro, aquél que de una forma u otra necesiten.

Desde el juego simbólico, al juego motriz, al juego de normas… Todo es posible en un exterior que, sin estar abarrotado de elementos o juguetes, ofrezcan muchos rincones sugerentes.

7. ACTIVIDADES INDIVIDUALES O EN GRUPOS PEQUEÑOS

En el patio de la escuela no hay las clásicas divisiones de aulas, una por cada franja de edad. Es un espacio en el que podemos dividir una clase en pequeños grupos y salir a explorar o a realizar determinadas actividades de forma distinta

8. ARTES

También pueden realizarse obras de teatro o talleres de música al aire libre. En muchos patios se han incorporado teatros o plazas que permiten el desarrollo de esta “disciplina” al aire libre. Tampoco es necesaria gran cosa… Delimitar un espacio, anudar una tela… Y tenemos un teatro montado.

Pero más allá de todos estos aspectos más concretos… El espacio natural siempre puede sorprendernos. Una nevada inesperada, el descubrimiento de un insecto desconocido… Se pueden recolectar datos, hacer inventarios de plantas, anotar temperaturas, precipitaciones…

EL PATIO CÓMO UN NUEVO CONTEXTO DE JUEGO, APRENDIZAJE Y VIDA

Me reitero en que no pretendo que el patio pase a ser un espacio de aprendizaje sin más. No pretendo que la hora del patio ya no sea de distensión y juego sino un tiempo para adquirir conocimientos.

Todo lo contrario. Creo que tiene que haber tiempo de juego libre, tiempo de entablar relaciones con los compañeros, tiempo de jugar, correr y saltar ahí fuera. Y precisamente, dado lo importante que es estar al aire libre y en la naturaleza… Creo que además de ese tiempo más distendido y flexible (esa imagen que nos viene a la cabeza cuando pensamos en el tiempo de recreo) también deberían poder hacerse otras actividades en el espacio exterior de la escuela.

Otras actividades, además, movidas o guiadas desde otro lugar. El espacio exterior ofrece también la oportunidad de generar un nuevo estímulo en los niños. Es una oportunidad para que su propia curiosidad pueda guiar su aprendizaje.

Ahí fuera el educador puede abandonar un poco su rol de “ponente” y colocarse al lado de los niños en el aprendizaje, dejándose sorprender ambos por la magia y belleza de la naturaleza y buscar respuestas juntos.

Fotografía realizada en la Escuela infantil 0-3 Xiquets i Xiquetes de Valls

Creo, sinceramente, que no debemos dejar pasar esta oportunidad de aprovechar el espacio exterior de la escuela como un lugar importante en el que crecer y desarrollarse y beneficiarse de todos los estímulos que aporta la naturaleza, además de la importancia que tiene para la salud de nuestros niños y la nuestra propia.

Porque el patio permite una forma de aprender muy ligada con la realidad y la vida. Porque la escuela no debiera ser una preparación para la vida ni un aprendizaje sobre la misma, sino parte de la vida en sí.

Un abrazo,

Clara

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