La importancia del riesgo en el juego y cómo acompañarlo adecuadamente

A menudo cuando escribo artículos recibo algunos comentarios en los que se me plantea la cuestión del riesgo y el peligro de la propuesta. Por ejemplo, ¿Por qué defiendo los suelos de materiales naturales en lugar del caucho que es, aparentemente, más seguro? ¿Por qué propongo que los más pequeños usen columpios bien bajitos para que sean autónomos en lugar de columpios de seguridad? ¿Son peligrosas las cuerdas para que jueguen los niños? Etc. etc.

Tras algo más de año y medio que llevo escribiendo este blog me he dado cuenta de que hay una preocupación general y constante acerca de los riesgos y los peligros para los niños, sobre todo en los espacios exteriores y que es un tema que merece ser abordado.

Tenemos que hablar mucho más del riesgo en el juego porque de nada sirve que vayamos con los niños al parque o a la montaña si no les dejamos hacer nada presos de nuestros miedos. No podemos transmitir una constante mensaje de peligro cuando los niños juegan.

¿QUÉ QUIERO DECIR CON JUEGO ARRIESGADO? RIESGO Y PELIGRO NO SON SINÓNIMOS.

Cuando hablamos de que debemos permitir los juegos arriesgados o que los niños asuman riesgos no significa, para nada, que los niños deban estar expuestos a peligros.

Entendemos riesgo en un sentido positivo y saludable cuando los niños pueden ejercitarse físicamente aprendiendo sobre sus fuerzas y conociendo las limitaciones de su propio cuerpo, experimentando el miedo, la seguridad… De esta forma permitimos que sea el niño quién desarrolle el conocimiento de sus propias capacidades, no interferido por los miedos adultos.

Además, no se trata de que el niño asuma riesgos, sino de que realice actividades que conllevan la decisión sobre riesgos. Creo que es una puntualización muy necesaria porque los niños, por lo general, son muy conscientes de sus capacidades y suelen evaluar muy bien qué pueden hacer sin ponerse en peligros graves.

Por poner ejemplos prácticos, trepar árboles, saltar troncos, escalar por algunas rocas grandes, etc. son actividades que entrañan decisiones sobre riesgos (en el sentido saludable que hemos dicho).

Este riesgo no es equivalente al peligro. Me gusta considerarlos aspectos distintos porque a veces hay mucha confusión al respecto. Permitir que los niños realicen actividades que conllevan cierto riesgo no significa que puedan realizar o exponerse a todo tipo de peligros.

Por ejemplo,  caminar por un precipicio sin vallas de seguridad a 10 metros de altura o un parque realizado sobre suelo de cemento es, a todas luces, peligroso.

NO EXISTE EL RIESGO CERO. ELIMINAR LOS RIESGOS… ENTRAÑA UN RIESGO EN SÍ MISMO.

Creo que algo que hemos de tener todos claro es que no es posible eliminar por completo los riesgos en la infancia (igual que en la vida).

Estamos muy pre-ocupados de eliminar por completo toda situación de peligro pero crear entornos asépticos, hiperprotegidos y acolchados conlleva riesgos también para los más pequeños, tanto o más peligrosos que dejar que los niños calibren cada situación.

Cuando los niños no pueden jugar a fuera libremente, cuando les impedimos que valoren por sí mismos los peligros de cada situación, cuando nos avanzamos a sus “análisis” con un “te caerás”, “por ahí no que es peligroso”, etc. estamos impidiendo que puedan evaluar las situaciones por sí mismos, atrofiando así su propio radar y pudiendo tomar decisiones peligrosas cuando un adulto no vigila o en la edad adulta.

Pero hay otro problema aún más desconocido. Cuando frenamos constantemente las iniciativas de los niños, cuando les impedimos moverse libremente los niños pueden presentar déficits sensoriales y problemas en el sistema vestibular (lo que puede conllevar dificultades en la postura, el equilibrio o la orientación del propio cuerpo en el espacio).

LOS NIÑOS BUSCAN RIESGOS INSTINTINTIVAMENTE

Existe una gran normativa relacionada con la construcción de los materiales de juego para los niños. Ya sean estructuras de los parques, o relacionadas con los juguetes. Pero para lo que no hay normativa (y no tendría ningún efecto) es para prever la relación y forma de interactuar que tendrán los niños con esos materiales.

¿Quiénes de vosotros no habéis estado en parques totalmente seguros, con un columpio, un tobogán, un suelo de caucho y poco más? ¿Y cuántas veces veis a los niños tirarse de cabeza, o de cabeza y de espaldas, o de lado? Aunque eliminemos todo riesgo, ellos los van a buscar, seguramente no tanto por buscar un riesgo en sí mismo sino por responder a su necesidad de calibrarse, de avanzar, de ver hasta dónde pueden llegar, probar que hacen cuando ven que no han estimado bien sus capacidades… es una necesidad que tratan de ver satisfecha de una u otra manera, aunque el entorno no les sea favorable y sea “soso y parco en posibilidades”.

Si prohibimos que trepen a los árboles… buscarán otros elementos en los que satisfacer esa necesidad

CÓMO ACOMPAÑAR A LOS NIÑOS EN EL RIESGO Y FAVORECER UN ACERCAMIENTO SALUDABLE CON EL MISMO

Permitir que los niños asuman riesgos mientras juegan y exploran es, para muchos adultos, de las tareas más complicadas de acompañar a los pequeños. Es por eso que quería dejaros por aquí algunas ideas, muy sencillas, por si os sirven y os ayudan en esa tarea tan bonita y a la vez tan complicada de acompañar a los pequeños en el juego.

1. SALIR A JUGAR AL AIRE LIBRE: Salir a jugar a fuera es esencial para que los niños puedan jugar y asumir riesgos en sus exploraciones. Es necesario salir de los entornos protegidos y cerrados y tener tiempo libre, no “híper supervisado” por parte del adulto.

2. CUIDAR O REVISAR EL ESPACIO PREVIAMENTE. Cuando hablamos de no vigilar y supervisar constantemente a los niños no significa que pueda desconectarme por completo de la situación.

Una tarea importante es asegurarme de que el lugar no presenta peligros importantes, ya sean estructuras de parques muy deterioradas, ríos con fuertes corrientes, elementos cortantes en la zona, etc.

Y comprobada la zona y en función de la edad de cada niño hay que dar un paso atrás y permitir que sean ellos, los pequeños, quienes tomen las decisiones relacionadas con el riesgo, teniendo en cuenta la edad de cada niño, por supuesto.

3. NO INTERFERIR NI AYUDARLES A TREPAR DÓNDE NO PUEDEN

A menudo los adultos tenemos muchos miedos pero paradójicamente les subimos a un montón de lugares que ellos, por sí mismos, no podrían.

Pero de esta forma no les estamos ayudando a valorar sus capacidades ni tampoco a estimar adecuadamente los peligros de cada situación. Si nos importa su seguridad, lo ideal es que los niños suban dónde pueden por sí mismos. Eso les ayudará a tener ideas claras sobre sus capacidades y a actuar sin ponerse en peligro.

3. DIFERENCIAR NUESTRO MIEDO DEL SUYO. Algo que es fundamental es no transmitir nuestros propios miedos a los pequeños. El lenguaje es muy importante, mucho más de lo que nos pensamos.

Mientras no hemos podido superar nuestros propios miedos es muy importante procurar evitar las frases tipo “te caerás” o “eso es muy peligroso” y sustituirlas por una frase mucho más real que es “a mí me da miedo eso”.

Es decir, me da miedo a mí, adulto. No te tiene porque dar miedo a ti (niño). Te lo digo para que estés alerta y prestes atención, pero si tú sientes que eres capaz, adelante.

4. CONSIDERAR A LOS NIÑOS PERSONAS AUTÓNOMAS Y CAPACES. Creo que hay que partir de la premisa de que los niños son seres capaces, con sentido de la responsabilidad y con posibilidad de calibrar los riesgos de cada escenario.

Por lo general, a los niños que se les ha permitido manejar los riesgos desde la cuna suelen ser muy conscientes de sus posibilidades y ser responsables con ellas.

No hay nada que haga a un niño más capaz y seguro de sí mismo que las personas que le quieren y cuidan confíen en sus capacidades.

Concluyo ya, remarcando la complejidad de este tema, porque la percepción del riesgo es subjetiva. Lo que para unos es tolerable para otros es francamente peligroso. Pero siento que hay que encontrar un equilibrio.

En los últimos años ha habido una corriente de fuerte protección de la infancia, de acolcharles el entorno al máximo.  Por ello, nos corresponde ahora a todos trabajar nuestro sentido de percepción del riesgo, evitando peligros innecesarios, pero dándoles la oportunidad de tener una infancia sana y divertida.

Abrazos,

Clara

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15 comentarios sobre “La importancia del riesgo en el juego y cómo acompañarlo adecuadamente

  1. Uy, este es un tema que preocupa a muchos padres. Mientras leía tu artículo recordé varias escenas de mi sobrino de 12 años jugando y de los riesgos que asume, realmente en cada uno de esos riesgos está midiendo sus capacidades y muchas veces son retos motores para él. Se me hace difícil no decirle que tenga cuidado, aunque confío bastante en su agilidad y capacidad de respuesta. Gracias a mi sobrino y sus inventos he aprendido a ser menos sobreprotectora con mi bebé; él juega cosas con ella (como lanzarse juntos de un tobogán o mecerse juntos en la hamaca) que para ella son una novedad y al mismo tiempo le permiten explorar sensaciones nuevas y desarrollar respuestas motoras. Así he podido ver los retos que ella misma se pone para medir sus habilidades (subir escaleras, bajarse de la cama) y aunque asume riesgos suele ser muy comedida y no hace aquello que siente que no todavía no puede hacer (¡Y a penas tiene 11 meses!). Eso sí, nunca dejamos de estar pendientes y de ponernos a su lado cuando la vemos intentar una acción nueva que pudiera ser algo riesgosa.

    Los riesgos en los juegos es un tema que emocionalmente los padres debemos trabajar y creo que mamá y papá deben estar de acuerdo con las respuestas, el lenguaje y el tipo de acompañamiento que brindarán a su hijo. Mi esposo es más de permitir y acompañar ese tipo de juegos y yo he aprendido a confiar en mi bebé y estar a su lado cuando creo que puede necesitarme sin interrumpirla o intrometerme. Creo que esto nos ha permitido disfrutar de una nena que se muestra segura de sí misma y del apoyo que le podemos brindar.

    Tu artículo me recordó uno que escribí sobre la importancia de experimentar miedo a través del juego. Aquí te dejo el enlace: https://anaisbarrios.wordpress.com/2014/10/27/la-experiencia-del-miedo-a-traves-del-juego/

    Siempre encantada de leerte.

    • Hola Anaís, encantada de leerte. Por supuesto, cada edad es distinta. Con 11 meses requiere acompañamiento aunque, como bien dices, también espacio para poder desarrollar el movimiento y otras habilidades. El tema de los riesgos es ampliamente subjetivo, cada cual tiene su propia percepción, pero siento que es importante que quienes estamos acompañando a diario a los más pequeños podamos reflexionar del tema y aprender a distinguir los peligros reales de nuestros propios miedos. Ahí estamos todos, intentando aprender a diario, ¿verdad? Leí tu artículo, muy interesante y relacionado con el tema. Abrazos, Clara.

  2. Hola Clara! Yo creci entre el te dejo hacer y el eso no se hace. Esto creo mucha confusion en mi, contradiccion e inseguridad. Cuando supe que iba a ser madre decidi que mi paradigma debia cambiar. Por eso dejo a mi hijo libre y acompanado. A él le dejo aire para reir y para suspirar como diria Gioconda Belli. A él le doy la confianza enorme porque creo en su potencial, en sus limites y trato de no transmitirle mi infancia y dejarle la suya. También trato de explicarles mis miedos que no necesariamente tienen que ser los suyos. Tu articulo me acompana, me hace bien saber que no estoy sola. Gracias

    • Qué bien Suchely que te ayude y acompañe el artículo. Tú apuntas un nuevo tema, que es muy interesante también, la ambigüedad. Imagino que querían darte espacio aunque a la vez les daba miedo. Por eso está genial separar y verbalizar nuestros miedos, mejor que decir “hazlo” pero corporalmente expresar un “no confío”. Pero bien, la mayoría intentamos hacerlo lo mejor que sabemos, aunque eso no nos excusa de seguir caminando y aprendiendo. Un fuerte abrazo, Clara.

  3. Hola

    Excelente articulo. Yo también estoy preocupado por el tema, porque les quiero transmitir a mis hijos (de 3 y 6 años ahora) la idea de que “Riesgo controlado” implica pensar en las acciones y consecuencias. Les dejo subir a un árbol si me van diciendo (o preguntando) lo que tienen que ir haciendo para impedir caerse. Yo les sigo de cerca. ¿Qué ocurre? Pues que el resto de los padres me miran como si fuese un salvaje de otro planeta… Así pasa, que el resto de los niños no saben ni coger una pelota al vuelo, ni diferenciar un grillo de una cucaracha. Una pena.

    Saludos

    • Gracias Jos. Es un tema complejo, sí. Esperemos que poco a poco los niños vuelvan a tener más tiempo para jugar, correr y saltar. No es una pérdida de tiempo sino una necesidad para poder desarrollarse y estar preparados para otros aprendizajes. Bien, ahí estamos, intentando pequeños cambios… aunque algunos piensen, como dices, que somos de otro planeta, jajaja. Un abrazo, Clara.

    • Pues fijate Jose que yo estoy deseando que mi hijo sea mayor para llevarle al bosque a trepar árboles. A mí me hubiera encantado hacerlo de pequeña jeje aunque no me puedo quejar porque mis padres me permitían saltar piedras y correr riesgos que no peligros, todavía recuerdo la sensación tan maravillosa de ir saltando rocas o trepara una estructura de esta de hierro de los parques. Esto ha hecho que me guste la adrenalina de montar en una atracción por ejemplo, pero soy muy precavida y no me lanzaría en puenting ni loca. Un saludo y sigue así con tus hijos mientras estés debajo del árbol para cogerles.

  4. Yo fui una niña que no me dejaban hacer nada por miedo a que me hiciese daño… eso ha hecho que me diese miedo probar muchas cosas de más mayor y adulta; me dan miedo las atracciones, patinar…
    Hoy día tengo un hijo y tengo la suerte que mi pareja compensa mis miedos y le dejamos hacer bastante teniendo en cuenta la edad que tiene.

    • Hola Isa. Te entiendo perfectamente, los miedos se acaban traspasando, por eso es tan importante darse cuenta de ello y permitir que los niños valoren por sí mismos cada situación. Aunque cuesta, claro que sí. Un fuerte abrazo, Clara.

  5. Hola Clara, estoy totalmente de acuerdo con tu articulo, los padres son los que tienen miedo, un niño pro naturaleza es precavido pero osado a la vez y eso le da base para su formación como persona, los juegos tienen que tener un aliciente y si este a veces es el riesgo pues no hay problema.

    • uGracias Martín. Como digo en el artículo… peligros reales no, pero riesgos (en función de la edad) sí. ¡Un abrazo!

  6. Gracias por el artículo, Clara. Trabajo en una “escuela libre” donde el derecho al riesgo en el aprendizaje es una de las bases de nuestro cole
    ¿Sabrías aconsejarme bibliografía al respecto?
    Gracias

  7. Gracias por el artículo, Clara. Trabajo en una “escuela libre” donde el derecho al riesgo en el aprendizaje es una de las bases de nuestro cole
    ¿Sabrías aconsejarme bibliografía al respecto?
    Gracias

    • Hola Iratxe! Mira, un libro que te puede resultar interesante es este “Risk, Challenge and Adventure in the Early Years”, creo que trata justo del tema que buscas. Hay más bibliografía, toda la que conozco en inglés. Escríbeme por correo si necesitas algo más. Gracias, abrazo, Clara.

  8. Gracias Clara. En mi país, hay mucho pan por rebanar. La mayoría de escuelas mantienen enclaustrados a los niños entre cuatro paredes. Hay muy poco juego. Me parece que el juego no sólo hace felices a los niños sino que también, entre otras cosas, sirve para descargar su enorme energía para luego compartir la sabiduría de sus maestros con mayor apertura.
    Te envío un afectuoso abrazo y mi eterna gratitud por tus enseñanzas.
    Iván (Lima, Perú)

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