Una mirada consciente al acompañamiento de la comprensión del tiempo en la infancia

EL TIEMPO ES UN RECURSO

El tiempo es intangible, complicado de comprender. Sin embargo, es un factor presente en la vida de los niños y les “influye” en su quehacer diario.

¿Cómo les afecta en el desarrollo de sus actividades? Por supuesto, el tiempo transcurre inexorablemente y de por sí no hace nada. Yo me refiero, más bien, a la organización del tiempo que hemos hecho nosotros, a cómo marcamos el ritmo los adultos… porque ello influye en el comportamiento de los niños.

De esa forma, podemos decir que el tiempo es el cuarto educador, en analogía al concepto Reggio de concebir el ambiente como el tercer educador. Porque el tiempo abre un espacio para el desarrollo de una actividad. Y que haya más o menos tiempo para jugar, que haya más o menos tiempo para una actividad, más o menos tiempo de recreo… va a modular su conducta, igual que la modula el espacio en el que se encuentran los niños.

¿No os ha pasado nunca que cuando le dices a un niño… “2 vueltas más en bici y nos vamos” o “5 minutos de juego más y se acaba…” de golpe dice pues vale, ya está, sin agotar el tiempo dicho? Y es que hay niños que cuando son conscientes de que disponen solo de un tiempo determinado para hacer una actividad o ven como tienen que terminar algo con prontitud… dicen… pues ya está, no puedo con esa presión. Cada niño es único, pero a muchos ponerles un límite temporal les frena en el desempeño de lo que estaban haciendo.

Por supuesto, quienes acompañamos a los niños en su día a día hemos de facilitarles la comprensión del transcurso del tiempo, la adquisición del ritmo y rutinas… Pero también somos los adultos quienes hemos de comprender la forma de ser y hacer de un niño, comprendiendo sus propios tempos vitales.

Porque seguro que os habéis dado cuenta que los niños viven en un eterno presente. Les importa el aquí y el ahora. Y están mucho más unidos al sentir de sus propios impulsos y necesidades que a las organizaciones adultas del tiempo, que son prácticas, claro que sí, pero no son innatas y espontáneas en ellos.

Por eso, creo que nos corresponde a los adultos saber adaptarnos también y permitir que cada niño tenga tiempo suficiente para desarrollar sus propios procesos.

Quería hacer esta introducción al artículo para poner de manifiesto que cuando pensamos en planificar el día a día de los niños o acompañar su gestión del tiempo hemos de tener presente que no podemos quedarnos anclados en la concepción adulta del tiempo, sino que hemos de tener en cuenta el sentido del tiempo de los niños, teniendo en cuenta, por supuesto, la edad de cada uno y otras características.

CÓMO ES EL LENGUAJE DEL TIEMPO EN LOS NIÑOS

¿Cómo es ese lenguaje de los niños con el tiempo? ¿Cómo gestionan las transiciones? ¿Cómo llevan los tiempos fijados?

Y para responder a todas esas preguntas hay que observar, escuchar…

Es así, conectando, escuchando y observando cómo podremos descubrir la relación única que tiene cada niño con el tiempo. ¿Se mueve rápido de una actividad a otra? ¿Se detiene largos periodos? Y no me refiero a dejar inacabadas un montón de actividades… sino más bien a que cada niño tiene un tiempo de interés distinto y hemos de poder observarlo y acompañarlo para permitir que cada niño tenga el espacio temporal suficiente para desarrollar sus propios procesos, sin estar siempre marcados por tempos de otros, a menudo adultos.

Sin embargo, como os decía más arriba, no deja de ser una realidad que vivimos en un mundo muy marcado por los distintos hitos temporales que configuran nuestro día a día. La escuela o el trabajo son los dos grandes marcadores de tiempo, de forma inflexible. Como norma general, las horas de llegada y salida son unas determinadas. Así que, pese a que el tiempo es francamente relativo y que la sensación de rápido o lento es muy subjetiva (ligada a las emociones, a mi grado de satisfacción o no con lo que estoy haciendo)… lo cierto es que hemos de ayudar a los pequeños a comprender el transcurso del tiempo, pero con la flexibilidad necesaria para la compresión de un niño.

Así que… ¿Cómo podemos gestionar las rutinas sin ser inflexibles? ¿Cómo respetar sus procesos internos pero a la vez cumpliendo con los tiempos de la vida?

4 IDEAS PARA FACILITAR LA RELACIÓN DE LOS NIÑOS CON EL TIEMPO

1. Convertir el tiempo en algo tangible y vivencial

¿Podemos tocar el tiempo? Seguro que muchos responderéis que no… Pero sin embargo, lleváis un reloj en la muñeca o consultáis con regularidad la hora en el móvil… El tiempo sigue siendo intangible… pero ver los números nos ayuda a situarnos “en él”.

Lo mismo les sucede a los más pequeños… y por eso podemos facilitar distintos elementos que les ayuden a observar y tocar el tiempo, como los calendarios de inspiración Waldorf que tan de moda se han puesto en los últimos tiempos y que facilitan su comprensión.

En la imagen podéis ver este calendario semanal precioso, en el que cada día representa un color. Cada mañana, cuando se despierta un día, sale un duendecito de su guarida y está todo el día fuera hasta que por la noche se vuelve a poner a “dormir”, porque el día termina. Y así, día tras día, sale el duende del día que toque. El calendario es circular así que invita también a comprender la circularidad del tiempo. Las semanas terminan y vuelven a empezar.

También podéis usar un calendario anual muy visual, como este de aquí o cadenas anuales de inspiración Montessori, como éstas, si lo que queréis reforzar es la comprensión del transcurso de un año completo. Todos estos preciosos calendarios podréis encontrarlos en Jugaia.

Los relojes para niños que ya tengan interés en ellos también son estupendos. Siempre hay que adaptarse a la edad de cada niño a la hora de facilitar materiales que ayuden a comprender el transcurso del tiempo.

2. Refuerzo de las transiciones

Desde que los niños nacen empiezan a comprender el transcurrir del tiempo a través de las distintas transiciones que se suceden durante el día. A través de los momentos de comida, de cambio de pañal o ropa según la edad, etc. los niños van descubriendo el avance de la jornada.

¿Cómo podemos reforzar esos momentos para que los niños vayan comprendiendo las sucesiones temporales? Pues reforzando, a través de distintos elementos, el momento de transición o paso de una etapa a otra.

Marcados con sonidos

Algo muy instintivo y que se hace desde mucho tiempo atrás es cantar en distintos momentos del día. Canciones de cuna para dormir, canciones para el despertar, canciones para antes de comer…

Y en muchas escuelas se usan distintos sonidos para reforzar un momento concreto. Se usan elementos de percusión cuando llega la hora de recoger (haciendo sonar un triángulo o una caja china), o el almuerzo… Según lo que se quiera remarcar.

Marcados con objetos especiales

También puede marcarse el transcurrir de la jornada con objetos especiales. Me refiero a algo tan sencillo como poner un mantel bonito antes de comer, al preparar la mesa; o bien colocar una vela o unas flores en el centro de la “rotllana” o corro del inicio del día, etc. A través de estos elementos reforzamos el inicio de una nueva actividad y facilitamos terminar la que estaba en marcha.

3. Menos actividades, más tiempo para cada una

Los tiempos de los niños son muchos más largos que los nuestros. No suelen tener prisa (salvo para que vengan los Reyes o su cumpleaños, jeje), pueden detenerse largo y tendido observando alguna cosa, jugando con una caja o un juguete… andan despacio, se detienen en todo…

Es por ello que prever menos actividades les permite desplegar esa naturaleza innata de los niños. Les da la oportunidad de detenerse mucho más, de observar más, de ser niños.

Procuremos, por tanto, tardes tranquilas y no demasiado repletas de actividades para que tengan tiempo de desarrollar bien y sin prisas sus juegos o historias.

4. Facilitar elementos y estrategias que permitan volver a la actividad

Los niños viven totalmente entregados al presente. Importa el ahora, lo que sucede en este momento, y por eso es difícil pasar de una actividad a otra.

Y a veces los tempos de los niños son tan largos que cuesta “arrancarles” de una actividad cuando es necesario, por ejemplo, porque es hora de la cena, porque hay que ir a dormir o cualquier otra situación similar que os podáis imaginar.

¿Podemos hacer algo para facilitar que terminen una actividad para poder pasar a otra?

Pues sí, por supuesto. Una de ellas, es no poniendo fin nosotros a la actividad, sino permitir que continúe en otro momento.

Ya os enseñé hace un tiempo, en un artículo sobre cómo favorecer el juego de construcciones en la infancia, una fotografía de cómo en una escuela de educación viva ponían letreritos sobre una material cuando el juego no había terminado. Así, a la mañana siguiente los niños podían reprender ese juego dónde lo dejaron.

¿No es mucho más fácil marcharte si sabes que los materiales te aguardan para seguir jugando? Además, que de esa forma es el niño quien tiene más control sobre sus actividades. El adulto no pone fin, es el niño quien pondrá fin cuando decida que ya no quiere jugar más con eso. Mientras tanto… podrá reservar esa actividad.

¿Podemos aplicarlo en casa? Por supuesto que sí. Una maderita bonita con su nombre, su foto, un dibujo suyo, lo que sea, puede ayudarnos a posponer una actividad para reprenderla en otro momento.

En definitiva, podemos hacer muchas cosas por acompañar a los niños en la adquisición del lenguaje del tiempo, pero me gustaría terminar remarcando lo más importante para mí y es que hemos de permitir que los niños se desplieguen a su propio tiempo, lo cual significa abandonar un poco nuestra imagen mental de lo que debe durar cada cosa y confiar en los procesos de cada niño, dándole el tiempo necesario para entrar en un interés y desarrollarlo.

Un abrazo,

Clara

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