¿Quién jugará a lanzar piedras al río mañana?

Eso me pregunto yo. ¿Quién tirará piedrecitas al río para que danzen sobre el agua? ¿Será un saber que persista o quedará en un mero juego virtual?

La semana pasada fuimos al río mi padre (el abuelo) Terrícola y yo: tres generaciones de una misma familia. Íbamos a buscar piedrecitas para hacer actividades, pero acabamos pasando la mayor parte de la tarde en la orilla, lanzando piedras.

El abuelo es un auténtico crack lanzándolas y haciendo que reboten sobre el agua. Consigue que den 10 saltos y lo hace sin que parezca difícil.

Lanzar piedras al río

Me he acordado que yo también había ido de pequeña con mis padres al río. Mis hermanos y yo probábamos a lanzar piedras para que bailaran sobre el agua. Pero seguramente no practicamos tanto como lo hacía mi padre de pequeño y jamás conseguimos que nuestras piedras dieran tantos saltos como las suyas.

Sé que la cantidad no es lo importante y que no hay que compararse… Pero no he podido evitar pensar en cómo los saltos de las piedras sobre el agua disminuyen con cada nueva generación.

Cada vez pasamos menos horas en la naturaleza, en los ríos y en sus orillas y todos esos saberes se pierden. Cuando no había televisiones, ni consolas, ni móviles estoy convencida que pasar horas ahí cerca, jugando con otros niños a lanzar piedras, a conseguir más saltos, a perfeccionar la técnica, a superarse a uno mismo… era un proceso lento que iba dando sus frutos.

Y esa lentitud era parte del aprendizaje.

No se consigue mucho si sólo se practica un día, hay que ir con regularidad, aprender a buscar las mejores piedras, planitas, ligeras, no muy pequeñas ni tampoco muy grandes, para luego coger destreza con la propia mano, conocer el agua, aprender a rozarla y conseguir que la piedra sobrevuele y roce el río a la vez, hasta hundirse y perderse en él.

Estoy convencida que ahora muchos niños antes de ir a jugar al río buscarán algún tutorial por internet sobre lanzamiento de piedras. Lógico, ¿quién les transmitirá ese saber? Y no es tan sólo que cada vez lo sepan menos personas sino que cada vez tenemos menos tiempo, menos tiempo para pasar horas sencillamente lanzando piedras al río, una y otra vez, hasta conseguir que salten de puntillas sobre su curso.

Pero aún hay algo peor… los juegos virtuales (como este de la Wii) que pretenden hacerte creer que puedes aprender a lanzar piedras al río con ellos, convirtiendo un juego que se desarrolla en plena naturaleza en una actividad entre 4 paredes, frente a una pantalla de televisión.

Ojalá aún estemos a tiempo de rescatar estos antiguos juegos y saberes, y ya no tanto por el conocimiento en concreto que se pierde, sino por lo que hay detrás de él y que también se esfuma, que es el valor del aprendizaje a fuego lento, el valor del juego adaptado a nuestro entorno natural y la transmisión de conocimiento intergeneracional.

Ondas expansivas agua rio

Que las ondas expansivas del agua no dejen nunca de hipnotizarnos cada vez que lancemos piedras al río, como si fuéramos niños y las viéramos por primera vez.

Un abrazo,

Clara

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